Desde su nacimiento hace siglos, los caminos ganaderos han proporcionado un valor natural y ecológico en nuestro país. El pastoreo de pequeños rumiantes (ovejas y cabras) ha sido uno de los elementos que ha tenido mayor incidencia sobre nuestros ecosistemas. Las vías pecuarias y los rebaños constituyen corredores ecológicos, potencian la biodiversidad y preservan el mosaico agroforestal del paisaje mediterráneo, pues facilitan una gestión y ordenación del territorio más acordes con criterios de sostenibilidad.

La ganadería extensiva, actividad propia de las vías pecuarias y de hecho, su razón de ser, es también “prestadora” de servicios ambientales. El pastoreo del sotobosque, por ejemplo, se convierte en una herramienta de gestión forestal del riesgo de incendio muy importante. No obstante, la disminución de explotaciones ganaderas ocurrido en los últimos decenios puede tener un impacto negativo. A pesar de que el vínculo entre las explotaciones ganaderas y el medio natural se mantiene, hay que potenciar, mantener y optimizar la vinculación entre territorio y rebaños.

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