La gran red de las vías pecuarias españolas constituye un extenso, rico y diverso entramado que serpentea de Norte a Sur por el territorio de la Península. Los pastores, conduciendo sus rebaños, en primavera se desplazaban por cañadas, cordeles, cabañeras y veredas, hacia los pastos de verano o agostaderos, en las sierras norteñas, regresando en otoño hacia el Sur, en busca de invernaderos. La decadencia de la ganadería, la disolución de La Mesta, la aparición del ferrocarril primero y del automóvil después, la profunda modificación de los usos tradicionales debido a los modelos de desarrollo potenciados en nuestro país a partir de los años sesenta, entre otros, han sido factores determinantes del deterioro galopante de esta reliquia histórica que, conservada durante muchos siglos, hoy está gravemente amenazada. La salvaguarda de la red de vías pecuarias pasa necesariamente porla aplicación de la Ley de Vías Pecuarias aprobada por el Consejo de Ministros en 1995, acordada básicamente con los gobiernos